¿Qué hay tras los adolescentes con VIH?

Datos de la Organización Mundial de la Salud revelan que en torno a cuarenta millones de personas en todo el mundo viven actualmente infectadas con el VIH. Para regiones como el África subsahariana esta realidad supone una tragedia tanto por el creciente número de nuevos casos como por los pocos medios para adquirir un tratamiento eficaz que palie los síntomas. En Europa diversos factores han favorecido que el SIDA deje de constituir un peligro mortal, prolongando la esperanza de vida de los pacientes, pero también se han conformado nuevos colectivos afectados que en los comienzos de la enfermedad no fueron objeto de preocupación.

Desde la Universidad de Huelva, Juan Carlos González Faraco dirige, en estrecha colaboración con el Dr. León Leal del Hospital Universitario Infantil de Sevilla, un equipo compuesto por médicos, psicólogos y pedagogos de toda Andalucía, en un proyecto que, frente a las numerosas investigaciones clínicas o biológicas desarrolladas hasta la fecha, pretende analizar desde un punto de vista social y educativo el colectivo de niños y adolescentes que padecen SIDA, tanto adquirido como heredado de sus madres.

Según el responsable del grupo, el proyecto de investigación se encuentra en una fase inicial y responde a una demanda de los pediatras que tratan este tipo de casos y que se ven inermes ante una problemática que en cierto sentido es nueva. “A través de los avances médicos, una enfermedad que inicialmente se plantea como mortal está derivando a crónica, como la diabetes u otras, pero llevando por desgracia consigo un tremendo estigma social”, afirma González Faraco. En este sentido, los niños con la enfermedad heredada de su madre están alcanzando por primera vez la edad adolescente e, incluso, la adulta, constituyendo un nuevo grupo social que, sumado a los jóvenes que contraen SIDA por prácticas sexuales, nunca antes se había presentado.

Una nueva realidad que sobrepasa el ámbito hospitalario, al que estos paciente están fuertemente ligados, debido a que “los médicos pueden garantizar la viabilidad de su vida física, pero no así su calidad de vida ni su felicidad como personas”, ya que, en palabras del investigador principal, “estos adolescentes entran en una vorágine de problemas como cualquier otro individuo de su edad”, pero con el añadido de su grave enfermedad y todo lo que ésta psicológica y socialmente conlleva. El adolescente es consciente de lo que le ocurre, se preocupa por su imagen física, afectada por la fuerte medicación, empieza a tener problemas cuando inicia sus relaciones de corte amoroso, entre otras cosas, generando todo ello que el individuo tenga una baja autoestima.

Los casos de VIH heredado se encuentran, además, con el añadido de que madre, padre o ambos han muerto, y el adolescente vive con abuelos u otros familiares. Todo ello configura las piezas de un puzzle que da como resultado personas con sensaciones depresivas, de malestar, que pueden derivar en un abandono o seguimiento irregular de la medicación, lo que puede reactivar la enfermedad. “Estamos ante sujetos que padecen un problema que los proyecta fuera de la sociedad en la que viven. Por ello debemos resolver cuestiones sobre qué sucede con estos adolescentes, con su relación con el mundo que les rodea o cómo se puede mejorar su calidad de vida, sus relaciones humanas y su integración social y educativa” afirma Juan Carlos González Faraco.

Líneas a desarrollar

Las líneas de trabajo que actualmente se plantean este grupo multidisciplinar para alcanzar sus objetivos pasarán por tres fases. La primera desarrollará una investigación etnográfica y comparada que permita conocer qué ocurre en las vidas de jóvenes que padecen SIDA. “Sabemos cada vez más del SIDA desde un punto de vista biomédico, pero muy poco de las personas que padecen la enfermedad, especialmente de las nuevas cohortes de edad”, afirma el investigador de la Onubense. Por ello, el proyecto establece en primer lugar un estudio que abarcará desde la historia de los pacientes al análisis de sus estilos de vida, problemáticas familiares, escolares, etc.

El segundo paso que se marca el proyecto iría encaminado hacia un aprovechamiento práctico de estos conocimientos a través de la elaboración de las bases para un programa de apoyo psicopedagógico y social a estas personas en aquellos espacios de socialización donde se desarrolla su vida. En último lugar, los investigadores sentarán las bases para el desarrollo de un programa de educación para la salud referido a dolencias crónicas, específicamente la infección por VIH, destinado a los adolescentes en general, padezcan o no la enfermedad.

Publicado en www.andaluciainvestiga.com Imagen cedida por aernst

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~ por garciaorta en julio 1, 2008.

2 comentarios to “¿Qué hay tras los adolescentes con VIH?”

  1. A mi me da un poco de miedo la industria paralela que ha creado esta enfermedad, los que viven de ella y para los que sería un problema que alguien diera con la solución definitiva

  2. que verdad tan grande luz de gas, yo casi que sospecho también que hay gente a la que no le interesaría que el SIDA tuviese solución definitiva. Enhorabuena Juan como siempre, esto si que es periodismo educativo y de concienciación social, gracias por fijarte en realidades paralelas.

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