Al fresco

Palomas al fresco en el Paseo de Santa Fe

A diferencia de cuando salgo por placer, el camino que sigo para ir al trabajo intento que sea el más corto posible. Por las mañanas, el coche me obliga a dar un pequeño rodeo hasta llegar a la Universidad, pero por las tardes la cosa cambia. La ventaja del peatón, que no entiende de sentidos contrarios ni de dobles carriles, es que puede coger por la calle de en medio y plantarse donde sea sin necesidad de recurrir a atajos donde la ruta cuente con menos semáforos. Cuando a las cinco menos veinte me dispongo a salir de casa para proseguir mi jornada laboral, prácticamente dibujo una línea recta que pasa por la cuesta de San Pedro hasta la rotonda de El Litri y de ahí, tras recuperar un poco el aliento, voy paso ligero hasta la Avenida de Andalucía.

Una de las virtudes de no ser supersticioso es que, gracias a este trayecto, en poco más de 10 minutos me planto en el tajo. De otra forma, muchas serían las vueltas que tendría que dar para evitar un gato negro que, por lo general, siestea bajo los coches aparcados en la acera de la Plaza de la Soledad (donde han encontrado restos arqueológicos) y que de vez en cuando se cruza ante los peatones no sé muy bien si por simple gusto de poner los pelos de punta al personal. A estas horas de la tarde, las cinco menos algo, siempre me encuentro a las mismas personas. Una chica de pelo castaño de mirada ausente, otra fémina que está a punto de abrir la peluquería, el que fuera mi neumólogo con el periódico bajo el brazo y la encargada de mantener abierta la autoescuela Tartessos a esas horas tan poco apetecibles si uno está lejos del sofá.

Sin embargo, en la tarde de hoy, con 30 grados a la sombra, no me he cruzado con ninguna de estas personas. En su lugar, un par de gatos arropados bajo una palmera me miraban con cara perezosa escalar San Pedro, mientras que en la cumbre un grupo de palomas me esperaba sofocando el calor en un mínimo charco de agua donde se zambullían en la medida de lo posible. Al verlas me pregunté: mientras yo voy directo al curro ¿qué preocupa a semejantes criaturas? De momento la ciencia tiene pocas respuestas a esta cuestión. Desde luego no sería la huelga de transportes, los históricos del barril de Brent, la hipoteca o el Euribor. Menos aún sería el aumento a 65 horas semanales de la jornada laboral, el estallido de la burbuja inmobiliaria, el terrorismo local e internacional, el Cambio Climático, el incremento del paro ni la precariedad laboral. Que el despegue de la economía China desestabilice a Occidente tampoco parece que les inquiete mucho, ni el encarecimiento de la cesta de la compra hace peligrar su comida. Ni los gatos ni las palomas prestan mucha atención a todas estas cosas ¿para qué? Hay días, como puede ser hoy, en los que mejor limitarse a estar … al fresco.

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~ por garciaorta en junio 10, 2008.

5 comentarios to “Al fresco”

  1. Impresionante Meletti.

    Que de tiempo sin pasear por el centro de Huelva, pero tiempo. Seguro que ahora me perdería.

    Es curioso lo de cruzarse siempre con las mismas personas, a mi también me pasa.

    Por aquí también intentaremos estar al fresco hasta que amaine un poco esta calor. Nos limitaremos a eso… Aunque todavía faltan unos días para que llegue el verano, la que se avecina.

  2. A mi también me llama la atención. De hecho muchas veces me quedo examinando cuál es su actitud y veo que no varía nunca. La primera chica que me encuentro siempre está con la mirada perdida, hay veces que escucha música, pero nunca despeja los ojos del suelo a unos cuantos metros de ella. El médico siempre me lo cruzo en la misma zona (en el tramo que pasa por la Plaza San Pedro hasta el Paseo de Santa Fe donde pilla la esquina y se desvía de mi ruta), con su periódico bajo el brazo supongo que camino de la consulta. Ahora que se me acaba el contrato de por la tarde echaré de menos a gente con la que no he cruzado ni una sola palabra. Cinco meses viendo a las mismas personas es lo que tiene… Un saludo Juan, honrado estoy de tu visita y comentario!

  3. Siempre me ha gustado imaginar las vidas de esas personas con las que, a temporadas, me he cruzado casi a diario. Las he visto ir, y venir, y volver a ir, y volver a venir. A veces contentos, otras inquietos, o cansados o tristes o enamorados… Incluso he visto parejas que han nacido y muerto delante de mis ojos. Sí, siempre me ha gustado imaginar las vidas de esas personas con las que sólo he cruzado alguna que otra mirada en el autobús, en la biblioteca o en la plaza que me ha visto crecer. Recuerdo a un chico con los ojos tan verdes que no parecían humanos. Y recuerdo haber soñado despierta que me escapaba con él mientras nos mirábamos pidiendo auxilio.

  4. yo me siento como una de esas palomas, o mejor dicho, me gustaría ser como una de ellas, no contar con las banales preocupaciones de la raza humana, este pájaro que siempre ha inspirado paz ahora también nos enseña que mejor estar al fresco y metido en un charco que otra cosa, jeje. Un saludo Juan!

  5. Vaya,al ver esa foto me he dado cuenta del tiempo que hace que no paso por allí,y la de anécdotas que tengo por ese paseo…

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