Aquí y en la China

Hoy he asistido a uno de esos episodios absurdos que, por desgracia, se cuentan por miles a lo largo de la vida de un hombre. Uno ejemplo de estos fue, en su día, la polémica de Zapatero, el café y los 80 céntimos. Hoy (por ayer) la discusión gira hacia la tolerancia y el respeto, dos valores que coexisten maltratados en ese proceso llamado globalización o, también, occidentalización de los bárbaros (entiéndase etimológicamente, claro)

El programa “Tengo una pregunta para usted” de La Primera (de La Uno nada, señores de la RTVE) vuelve a la carga una vez más, dejando como huella en los medios, no las conclusiones más destacadas sino, como ocurrió con Zapatero y con Rajoy, las anécdotas más tontas. Ya se sabe, lo interesante antes que lo importante, pero así es el pueblo español.

Ayer, el programa giró en derredor de un tripartito curioso: Josep Lluís Carod-Rovira, Josep Antoni Duran Lleida y Gaspar Llamazares. De estos tres políticos, me voy a quedar con las anécdotas de los dos primeros, por la estrecha relación que mantienen entre sí.

Carod-Rovira, que cerró el programa, tuvo un choque frontal con dos vallisoletanos. Ambos, con su español castizo de Valladolid, iniciaron sus preguntas refiriéndose al entrevistado como José Luis. El de ERC, como es natural, montó en cólera afirmando ese títular de El Mundo que dice “José Luis, no; yo me llamo Josep Lluís aquí y en la China”. Sinceramente, nunca pensé que este hombre albergara verdades tan grandes en su cabeza.

La segunda de las anécdotas, la del portavoz de CiU, Josep Antoni Duran Lleida, giró entorno al tema del velo islámico. Cuestionado sobre la discriminación que sufren las hijas de una ciudadana marroquí por lucir el velo, Duran respondió, entre otras cosas, que los inmigrantes deben integrarse en la sociedad de acogida y respetar su cultura. Allá donde fueres, haz lo que vieres, sencillamente. “Para mí todas las culturas no tienen el mismo valor. La nuestra es una cultura basada en los Derechos Humanos y en el respeto a la igualdad entre hombre y mujer”, recalcó Duran, “Yo creo, con todos mis respetos, que ustedes llevan más retraso“.

velo.jpg

Todo esto, si me lo permiten, me parece una cuestión de hegemonía cultural, de intolerancia y de falta de respeto. En la discusión de Carod-Rovira, los vallisoletanos quisieron imponer su lengua (lingua imperium est) castellanizando el nombre catalán Josep Lluis por José Luis. El afectado, no pudo más que respnder que su nombre es como es y no puede ser de otra forma, ya sea en Pekin (Beijin) o en La redondela. Y lleva toda la razón. Yo mismo, aquí, en Cataluña, en Francia o en EEUU me llamo Juan, no Joan, ni Jean ni John. Juan, a secas, por poco que me guste.

En el segundo caso, la imposición cultural es manifiestamente más clara. Mi cultura es mejor que la tuya, sométete. Mientras escribo estas líneas, Dedalus me habla vía messenger y me da una cita que viene como anillo al dedo. El Premio Nobel y codescubridor del ADN, James Watson, afirmó en su día que una mujer debería tener derecho a abortar si los análisis preparto mostraban que su hijo iba a ser homosexual. El ser humano no tiene, según el Nobel, derecho a elegir su sexualidad igual que no tiene derecho, según Duran, a elegir si conserva o no su cultura y sus raíces.

La globalización, a parte de para explotar los pueblos más débiles, sirve para trabajar la tolerancia en cuanto se difuminan las fronteras y se mezclan las culturas. ¿Tanto conocimiento tiene Josep Antoni Duran sobre la cultura árabe para decir que la suya (supongo que la catalana) es superior? Llevar una cruz (se sea cristiano o no) es más plausible que portar un velo. ¿Por qué? ¿El cristianismo ha estado siempre acogido a los Derechos Humanos? ¿O acaso es antidemocrático el respetar la capacidad de elección de los seres individuales?

Muchas veces nos perdemos en las formas y en los fondos, olvidando que aquí lo que realmente importa son las personas, que no son ni mejores ni peores. Estamos entrando ya en una dinámica, supongo que por algún tipo de complejo congénito, en la que los demócratas (que somos casi todos) nos olvidamos de lo que significa serlo. Respetar la opinión de los demás y aprender de ella. No hay que imponerse a toda cosa, porque la identidad no es eterna sino que está fabricada con una sustancia muy maleable. Se empieza quitando velos y se acaba eliminando a los que no piensan como nosotros. ¿Les suena? Desde aquí propongo a La Primera que este domingo, inaugure un nuevo programa: “Tengo un examen para usted”, a ver cuántos de nuestros políticos aprueban Educación para la Ciudadanía. Me temo que muy pocos.

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Entrevista a Carod-Rovira

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~ por garciaorta en octubre 17, 2007.

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