Por una buena (in)dependencia

Por cuestiones personales conozco perfectamente lo que supone ir en una silla de ruedas. No porque yo suela recorrer la ciudad sentado en una sino porque, durante muchos años, he sido la fuerza motora de una de ellas. Por deformación profesional, y como guiño a algunos de mis lectores, puedo decir que tengo “el ojo adaptado”. Con esta expresión, algunos de mis amigos y yo entendemos que cuando vamos a cualquier sitio, sea un edificio público o simplemente a una ciudad desconocida, automáticamente vemos todos los puntos donde la adaptación, es decir, la correcta adecuación a las necesidades de todos falla.

Puede resultar sorprendente (o ridículo), para los que estén alejados de ciertas necesidades, que se pueda esperar durante más de una hora la llegada de un autobús adaptado, los de la rampa. Puedo decir que, en esto mismo, Sevilla es única. Recuerdo en mi época de estudiante, haber visto pasar hasta 5 o 6 autobuses (en muchas ocasiones más) antes de ver uno en el que poder subirme con mi amigo, lo cual no estaba casi nunca asegurado. La flota de autobuses del TUSSAM son las número 1 a la hora de contar con vehículos adaptados que no funcionan. “Ábrame la puerta, no baje la rampa” repetía constantemente a los conductores, con el fin de que el autobús siguiera funcionando ya que, de manera sistemática, o la rampa no iba o, si lo hacía, se quedaba atascada cuando el sistema la recogía dejando, por consiguiente, inutilizado el vehículo. C’est la vie. Por suerte, yo tenía la fuerza y la habilidad suficientes para montarle y bajarle del autobús si la cosa se torcía, pero ¿qué puede hacer una persona en silla ruedas si la rampa no funciona y pretende desenvolverse solo en la jungla de asfalto? Pues sólo le queda una opción: gastarse el sueldo en taxis.

Para las personas que van en silla de ruedas, llamar un taxi es toda una aventura. En muchas ocasiones, la silla en la que va montado no cabe en el maletero del coche debido a la bombona de combustible que llevan los taxistas. Puedes arriesgarte y, con un poco de maña y una cuerda, dejar la silla encajada y el maletero semicerrado. Otra cosa no hay. Por otro lado, si la silla es motorizada olvidate directamente, porque su tamaño y peso la hacen imposible. No obstante, no está todo perdido.

Once upon a time hubo un hombre iluminado que inventó algo que se conoce como EUROTAXI, aunque lo de euro no creo que sea ni por lo barato ni por lo europeizado del vehículo. Se trata de un coche capaz de transportar a una persona en silla a de ruedas sin necesidad de armar un circo. Se abre el maletero, se baja una rampa, se ancla la silla y a viajar. Todo son ventajas. No obstante, a uno se le ponen los pelos de punta a leer cosas como esta: Huelva cuenta sólo con un taxi para discapacitados, es decir, con un Eurotaxi para sus 150.000 habitantes. Por desgracia, esta escasez es muy común en la mayoría de las ciudades.

Ahora, queridos lectores, permitanme sacar el lado reivindicativo que llevo dentro. ¿Cómo se espera poner en marcha una Ley de la Dependencia si no se cumplen medidas básicas como estas? ¿Favorece el transporte público una correcta integración laboral y/o social de personas con problemas de movilidad? Por suerte, en ciudades como Madrid, existe algo llamado “piso bajo continuo”, es decir, la flota al completo está adaptada para los discapacitados. No obstante, y como ocurre con los Eurotaxis, esto no es lo más común, limitando sobremanera la correcta movilidad de toda la población en muchas de las ciudades españolas.

Hablamos de la Ley de la Dependencia, pero en mi opinión primero tenemos que trabajar por la independencia de los discapacitados. Si la discriminación positiva sirve de algo, aparte de para asegurar plazas en empresas y entidades públicas, debe de ser para favorecer una igualdad de oportunidades. Leía hace poco en los requisitos de una beca publicados en el BOE, en la que se favorecerá la incorporación de discapacitados pero que, luego añade, siempre y cuando estos puedan realizar con normalidad sus funciones. ¿No resulta irónico? Ya va siendo hora de quitar escalones, de dejar de meter a los discapacitados por la puerta de atrás, de arreglar el acerado y la calzada. Hay que trabajar por dejar atrás estas barreras, por favorecer unos individuos independientes en la medida de lo posible. Los Eurotaxis, desde luego, pertenecen al ámbito empresarial privado, pero los autobuses son públicos y, como tal, deben cumplir su función social

Sólo pregúntense una cosa ¿cómo se desenvolvería en su ciudad si fuera en una silla de ruedas? o, simplemente salgan de la periferia e intenten ir al centro en transporte público empujando a un familiar en su silla. Desde luego, sería toda una aventura.

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~ por garciaorta en octubre 12, 2007.

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