El País y la época del cambio

A estas altas horas de la noche (bueno, son la 1:05, tampoco es para tanto) tengo la manía de revisar las publicaciones digitales para ver si ha pasado algo que merezca la pena leer. El País, El Mundo, los confidenciales y, por supuesto, los blogs de siempre. Santiago González, Manolo Cayuela, … y el de Ignacio Escolar que es, sin duda, el que más veces actualiza a lo largo del día. Es interesante siempre leer los comentarios de estas bitácoras, porque pese a que su creador es el que más autoridad puede alcanzar, los comentaristas siempre suman un valor añadido que, muchas veces, puede superar al del comentario inicial.

Andaba el domingo en casa de mi novia, en plena cabezada en el sofá, cuando entre el sopor y de reojo pude ver el final de un anuncio de El País. Un tanto desconcertado le pregunté a ella, también periodista, si había visto lo mismo que yo.

– ¿Un anuncio de El País? ¿de verdad les hace falta? – le pregunté mientras me estiraba un poco.
– Pues parece que sí- me dijo.
– ¿Tan mal está la cosa?

El mundo de la televisión es, sin duda, inquietante. Me comentaba ayer Manolo Cayuela el inmenso atractivo que suponen las imágenes proyectadas en la pantalla, pudiendo convertirse ellas mismas, sin audio, en tema de conversación para todo un bar. Si un periodista sin firma casi no existe, un producto (aunque sea periodístico) sin presencia publicitaria puede pasar desapercibido para la mayor parte de la sociedad. Siempre existen excepciones, evidentemente, como puede ser el caso de la Thermomix que, sin publicitarse en lugar alguno, es famosa en los hogares españoles. No obstante, el caso del robot de cocina no es de lo más común.

Como decía antes, revisaba los blogs y en Escolar.net encontraba un comentario en el que se hacía referencia a dicho anuncio. Evidentemente, la tentación me pudo y pinché para verlo en Youtube. Dejando a un lado un análisis de la publicidad en sí misma, personalmente saco en claro un par de cuestiones a este respecto.

La primera de ellas es que algo se cuece en El País. Están buscando atraer de nuevo a los lectores, renovar las bases con un nuevo público, más joven. Esta idea se complementa con la renovación que se comenta desde hace varias semanas en los confidenciales. Cebrian planea lavar la cara de El País: una nueva maquetación que de un nuevo aspecto a la publicación. Al parecer, incluso pretende cambiar eso de “El diario independiente de la mañana” por “El periódico global en español”. Una estrategia que, al margen de las crítica, parece conducir hacia una expansión del periódico más allá de las fronteras nacionales. Renovarse o morir, dice el refrán, y El País pretende, por suerte, seguir dando guerra durante muchos años.

La segunda de las cuestiones, aunque sólo se trata de una impresión mía, deja a un lado la parte periodística para sumergirse en el lado más político de esta sagrada profesión. La guerra del fútbol ha dejado claro, entre otras cosas, que la hegemonía de PRISA no es ad infinitum ni, mucho menos, absoluta. Mediapro inició una lucha de David contra Goliat en la que tenía poco que perder y mucho que ganar, demostrando a una PRISA sin Polanco (padre) que contaba con amigos muy influyentes. He leído hoy por la red, no recuerdo muy bien dónde, que a El País le bastarían un par de editoriales y una portada para poner en su sitio al gobierno. No lo veo yo demasiado claro, especialmente ante informaciones como la de El Confidencial Digital que recoge las conclusiones de un “encuentro secreto” entre Cebrian y Blanco, en la que el número dos de PRISA le dice a su homólogo en el PSOE que “si el PSOE quiere el apoyo de El País, la Cadena SER y Cuatro de cara a las próximas elecciones generales, el partido debe apoyarles en el conflicto que les enfrenta a Mediapro por los derechos televisivos del fútbol”. Desde luego que no sólo El País puede sacar a la luz testimonios de encuentros interesantes. El Gobierno, por otro lado, tampoco se anda corto y arremete contra Cebrián y PRISA y declara que no va a meterse en un conflicto entre empresas.

La guerra del fútbol ha pasado de ser una lucha propia de la economía de mercado a un combate por las influencias y por una orgullosa hegemonía. Mediapro airea ante los de Polanco (hijo) sus amigos. Los de PRISA echan mano a su agenda para darse cuenta de que están solos. Se ven incapaces de ver devueltos los favores realizados en otros tiempos. Cebrián, mosqueado, da la orden de ataque. Donde más duele: tildar las decisiones del gobierno de medidas electoralistas, estar en contra de la política antiterrorista, etc. Conmigo o contra mi, parece pensar el consejero delegado. De momento cuentan con una medida cautelar a su favor aunque las heridas abiertas en estos días no van a cicatrizar en bastante tiempo.

Con este video, y volviendo al hilo argumental, los de PRISA buscan reafirmar su presencia en la sociedad. “No sólo repartimos cursos de inglés y tomos de historia” parece decir “sino que también somos un medio con el que os podéis identificar, que existe, que es actual”. El grupo mediático da un giro, pasa de centrar su visión en las altas esferas políticas para poner su punto de mira en lo que de verdad los hace poderosos: el público (con minísculas, claro) “Estamos casi en elecciones, tenemos a un periódico de Mediapro en la competencia que ha generado polémica con su Fuck Bush, es hora de reforzar nuestra presencia y demostrar por qué somos grandes” pensará Cebrián.

Ante todo esto, y para concluir, espero que este divorcio entre PRISA y PSOE, como lo han bautizado, no vaya en detrimento de la calidad periodística. Los lectores de El País no son necesariamente socialistas pero ¿soportará esta última base los ataques hacia el gobierno de Zapatero? Desde luego que en Público los iban a recibir con los brazos abiertos. La cosa es si volverían a los brazos de PRISA una vez calmadas las aguas. ¿Qué pensarán los encargados de la campaña de comunicación y el propio ZP de todo esto? ¿Es posible optar a la mayoría absoluta con unas encuestas tan poco prometedoras y sin el apoyo e influencia de los de Polanco? Los medios, desde luego, no son los que marcan los resultados electorales. También dicen que el dinero no da la felicidad, pero que ayuda mucho. En fin, juzguen por ustedes mismos.

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~ por garciaorta en octubre 9, 2007.

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